El valle de Tena debemos entenderlo como el área que comprende desde la frontera con Francia de El Portalet hasta el estrecho del puente de Santa Elena, llamado popularmente el «zoque», donde el valle orográfico del río Gállego se abre.
El valle agrupa a un conjunto de pueblos, con sus correspondientes términos municipales, que a lo largo de la historia han constituido una unidad administrativa y de organización en torno al uso de bienes comunales, entre los que destacan los puertos.
En este sentido, en el caso del Valle de Tena podemos hablar de una singular organización administrativa que se mantuvo vigente hasta 1836 bajo la existencia de los denominados “quiñones”, que estaban configurados por el Quiñón de Sallent al norte, formado por Sallent y Lanuza, el Quiñón de Panticosa al oeste, que agrupaba a Panticosa, Hoz de Jaca, El Pueyo de Jaca y Exena (desaparecido en el siglo XVI), y finalmente el Quiñón de La Partacua, que comprendía los municipios de Tramacastilla, Sandiniés, Piedrafita, Búbal, Saqués y Politura y los anejos de la Casa de La Artosa y la pardina de Estarluengo (estos dos últimos desaparecidos).
Los quiñones, administrados por la Junta General del Valle de Tena, tenían potestad normativa y podían dictar normas o estatutos en relación temas de interés general del valle, normalmente relativos a la gestión de los pastos u otros recursos mancomunados, así como prácticas de interés común o delimitación de fechas de uso, facilitando la organización de los vecinos frente a las necesidades de la vida en alta montaña.
El Arca de los Privilegios del Valle de Tena, símbolo de unión y organización de los tres quiñones, albergaba la documentación y los privilegios del valle. Con su triple cerradura, cada quiñón disponía de una de las tres llaves y sólo podía ser abierto mancomunadamente. Actualmente el arca se conserva en el Ayuntamiento de Panticosa.
